Abdelmadjid Tebboune Entre Sumisión y Humillación
Tan pronto como Abdelmadjid Tebboune, el controvertido presidente argelino, completó su intento de acercamiento diplomático a través de una entrevista cuidadosamente orquestada con sus medios afines, recibió dos duras respuestas a sus declaraciones conciliadoras. En esta entrevista, intentó adoptar una postura más amigable hacia Francia, reconociendo los profundos lazos franco-marroquíes que París nunca ha tratado de ocultar. Sin embargo, en lugar de lograr la distensión esperada, fue recibido con dos bofetadas resonantes.
La primera bofetada llegó el martes 25 de marzo, con una gran manifestación en apoyo al escritor franco-argelino Boualem Sansal, detenido arbitrariamente en Argelia durante más de cuatro meses. Su encarcelamiento no solo responde a una represalia por sus opiniones libres, sino que también se ha convertido en una herramienta de presión del régimen argelino contra Francia, como castigo por su reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara. Aunque la manifestación no fue masiva en número, sí contó con la presencia de importantes figuras del panorama político y mediático francés, salvo por La France Insoumise (LFI), que nuevamente demostró su alineación con la dictadura argelina. Desde la derecha hasta el centro, e incluso sectores de la izquierda socialista, todos los asistentes condenaron enérgicamente el chantaje ejercido por Tebboune y su entorno.
La segunda bofetada llegó el mismo día, cuando la justicia francesa emitió un fallo definitivo ordenando la expulsión de uno de los más notorios propagandistas del régimen. Se trata de Boualem Naman, alias «Doualemn», un agente mediático que se dedicaba a esparcir veneno contra Francia y Marruecos a través de publicaciones y transmisiones en vivo llenas de odio en las redes sociales.
Naman ya había sido expulsado de Francia una vez, pero las autoridades argelinas se negaron a recibirlo de vuelta, alegando «irregularidades en el procedimiento». Sin embargo, los tribunales franceses han rechazado ahora de manera definitiva su solicitud de suspensión del decreto de expulsión, allanando el camino para su deportación final, contra la cual Argelia ya no puede presentar objeción alguna. Este fallo podría marcar el inicio de la expulsión de otras figuras similares que, mientras se aferran a su residencia en Francia, siguen atacando y denigrando al país que los acoge.
Irónicamente, Tebboune, quien en su entrevista mostró una conmovedora y casi paternal preocupación por los corderos argelinos amenazados con el sacrificio en la próxima festividad del Eid al-Adha, quizá tenga que extender la misma compasión hacia sus propias ovejas sarnosas, que regresan en masa desde todos los rincones de Francia… y más allá.